Prejuicios

 
Un frío día de invierno, un barco de guerra surcaba el mar atlántico. Era una noche muy oscura y la niebla era muy densa. En el puente de mando, el ayudante del capitán se dirigió a su jefe y le dijo: “Capitán, se acerca una luz a una considerable velocidad y al parecer viene en nuestra dirección”

El capitán llamó al responsable de las telecomunicaciones y le ordenó que enviara un mensaje luminoso que decía lo siguiente: “Con el fin de evitar una colisión, sería aconsejable que cambie su rumbo 20 grados a estribor”. La respuesta no se hizo esperar: “Será mejor que sean ustedes quienes cambien el rumbo 20 grados”. El operador transmitió el mensaje al capitán y este enfurecido envió otro mensaje: “Soy el capitán de un buque de la armada británica”, a lo que le respondieron: “Yo soy marinero de segunda clase”. El capitán ya no podía más y envió un último mensaje: “Lo siento, pero soy un ACORAZADO”, a lo que le respondieron: “Yo también lo siento, SOY UN FARO”.
No hace falta decir, que el acorazado del capitán cambió el rumbo 20 grados.
Esta historia refleja muy fielmente como actuamos cuando lo hacemos con prejuicios, por lo que el mensaje que quería transmitir en el día de hoy es:
Escuchemos a los demás y pongámonos en sus zapatos antes de tener un paradigma establecido sobre ellos.

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