¿Es la igualdad de género un elemento determinante del desarrollo económico?

Considerar de la misma manera a hombres que a mujeres en los distintos ámbitos de la vida beneficia no sólo al género humano, ampliando las libertades, sino que contribuye a una mejora del funcionamiento de nuestra sociedad a todos los niveles. La igualdad incrementa la productividad, influye positivamente en la evolución de las generaciones sucesivas, hace más representativo el proceso de toma de decisiones en la sociedad y aumenta las posibilidades de desarrollo, estas son algunas de las conclusiones que se recogen en el informe sobre el desarrollo mundial 2012: “Igualdad de género y desarrollo”, del Banco Mundial.

Así, en el mismo se señala que la igualdad de género es un objetivo en sí mismo, pero también es un elemento determinante del desarrollo económico. Según el informe, la productividad aumentará si se aprovechan más las aptitudes y talentos de las mujeres. Eliminando las barreras discriminatorias para las mujeres en determinados sectores u ocupaciones se podría aumentar la productividad hasta un 25% en algunos países. Por ejemplo, en el sector agrícola, si éstas tuvieran el mismo acceso que los hombres a los fertilizantes y otros recursos se podría incrementar notablemente la producción en los países en desarrollo.

Asimismo, un mayor control de las mujeres sobre los recursos del hogar puede mejorar las perspectivas de crecimiento de los países gracias a un cambio en las pautas de gastos. Y la potenciación de las mujeres como agentes económicos, políticos y sociales puede modificar las decisiones sobre políticas y hacer que las instituciones sean más representativas de una mayor variedad de opiniones.

En el informe se destaca que se han logrado avances considerables en todo el mundo en lo que respecta a reducir las disparidades de género en educación, salud y mercados laborales durante los últimos 25 años.
Las desigualdades entre niños y niñas en la educación primaria se han superado prácticamente en todos los países y se están acortando también  en la educación secundaria. En el caso de los países en desarrollo, hay más niñas que niños en las escuelas secundarias de 45 países, y hay más chicas que chicos en las universidades de 60 países. 

También se observan progresos en la esperanza de vida: las mujeres de los países de bajos ingresos no solo viven más que los hombres, sino queviven 20 años más que en 1960. En buena parte del mundo se han reducido también las desigualdades respecto de la participación en el mercado laboral: en los últimos 30 años, más de 500 millones de mujeres se han incorporado a la fuerza de trabajo.

El informe remarca así mismo el aumento de la participación de la mujer en cargos del Gobierno y la administración pública de los distintos países, que ha pasado de una media del 8% en 1998 hasta el 17% en tan solo diez años. En este ámbito, el documento destaca los datos de España, junto con otros países como Francia, Finlandia o Suiza, en los que la presencia femenina en los órganos de Gobierno es superior al 40%.

El documento también señala a España como ejemplo de avance en cuanto a derechos y libertades sociales de la mujer desde la década de los 70, junto con Alemania, Grecia y Suiza. Destaca, asimismo, que la transición española fue un claro modelo de impacto positivo en ámbitos como el Derecho de familia o los derechos de la mujer.

Sin embargo, en el informe también se señala que aún quedan desigualdades en muchos ámbitos. La peor, la excesiva mortalidad femenina con respecto a la de hombres y niños en países de ingresos bajos y medianos, estimada en torno a 3,9 millones cada año. Aproximadamente, dos quintas partes de las niñas no llegan a nacer porque los padres prefieren tener hijos varones, una sexta parte muere en la primera infancia y más de un tercio fallece durante la edad reproductiva.

El número de vidas perdidas está aumentando en África subsahariana, especialmente en los países gravemente afectados por el VIH.
Otras de las deficiencias detectadas son las relativas a la escolarización femenina que, a pesar de haber crecido de forma generalizada, continúa estando muy por debajo del índice masculino en algunos países del África subsahariana y del sur de Asia.

También se denuncian el acceso desigual de las mujeres a las oportunidades económicas y grandes diferencias en materia de voz y participación entre mujeres y hombres, tanto en el hogar como en la sociedad.